Galería Gabriela Mistral
2024
La exposición Ultramareal del artista Nicholas Jackson (Quilpué, 1983) en Galería Gabriela Mistral es una expansión del intermareal, esa franja de tierra que se encuentra entre la alta y la baja marea, donde proliferan complejas redes de relaciones ecológicas que subyacen en las costas del litoral central. En ese espacio convergen distintos accidentes que articulan un profuso ecosistema, como el golpe de la ola sobre la roca que propicia el crecimiento del cochayuyo. Ultramareal es intermareal acelerado y expandido a un futuro especulativo y simbiótico.
El Intermareal y la Simbiosis
Donna Haraway dice que todo componente puede interconectarse con otro a partir de la construcción de algún código capaz de procesar un lenguaje común. Se refiere a la simbiosis (del griego syn, ‘con’, y bio, ‘vida’) que significa literalmente ‘convivencia’ y a la simpoiesis (del griego ‘hacer con’) con otras especies, las llamadas especies
compañeras, destacando que ninguna es capaz de sobrevivir por sí sola. La autora profundiza en el desarrollo en común de los organismos que comparten un mismo hábitat y de la evolución conjunta a partir de los vínculos que establecen, como los lazos que crean las algas, primero con el mar y luego con las formaciones minerales a las que se arriman y cuya reproducción facilitan; o como los que unen a los seres humanos con ciertos vegetales y animales cruciales en la historia de la civilización. Jackson propone ahondar en alianzas colaborativas tanto con otros humanos como también no humanos.
En una experiencia material contradictoria, Jackson reflexiona sobre los cruces imposibles que solo esta era antropogénica hace posible, en una serie de esculturas de algas vaciadas en aluminio sobre un piso de caucho negro contorneado. El aluminio – metal industrial símbolo de la era moderna, por sus propiedades únicas y alta reciclabilidad- aquí es el recurso para inmortalizar las formas orgánicas de las algas, que crecen cerca de la zona de sacrificio, intoxicada por los desechos de una fundición, pero que coexisten y evolucionan junto a los minerales. El caucho, por su parte, fue reciclado en un proceso que combina fuerza y calor, generando un soporte para el aluminio, que cristaliza un instante fijo imposible del movimiento continúo de las algas en el mar, así como su presencia dispersa a lo largo de la playa.
Las bacterias y las algas fueron las primeras agrupaciones moleculares como seres vivos que crecieron a partir de la fotosíntesis hace más de tres mil millones de años. Son capaces de hacer biosorción o absorber moléculas de metales y fijarlas a su tejido, sin que formen parte de su metabolismo, y por lo tanto sin salir dañadas. Son un monitor biológico en el sentido que acumulan los metales sin morir, registrando al mismo tiempo que conviven con los desechos antropogénicos vertidos al océano. La lechuga marina y su excesiva propagación, por ejemplo, indica la presencia de heces humanas en el agua.
Un marco de aluminio contiene el video de un huiro de largos brazos que avanzan y se retraen con el vaivén de las olas de la playa de Quintay, en el litoral de la quinta región. El alga parece bailar alimentada por los circuitos expuestos de la pantalla Raspberry Pi, la síntesis de un circuito que cabe en la palma de la mano, que a su vez es alimentada por los cables azules que transmiten la energía eléctrica. Una hiperbolización del cyborg, lo que Haraway define como un híbrido de máquina y organismo, “una criatura de la realidad social así como una criatura de la ciencia ficción.”
Inteligencia Vegetal e Imágenes Generativas
La investigación de Jackson en el arrecife del luche en Quintay, está relacionada al propicio crecimiento de diversas algas como el cochayuyo y el luche. Estas algas, atravesadas por las marejadas del suroeste y la topología específica del lugar, se convierten en protagonistas de historias comunitarias que el artista incorpora en su obra. Si bien estos saberes culturales y narrativas “lucheras” de la comunidad, están abordadas en su obra de videoarte Chistorra de Mar (2023), Ultramareal entreteje un vínculo material y digital en torno al símbolo alguino que el artista va deconstruyendo y reensamblando.
Una serie de fotografías generadas por inteligencia artificial muestran imágenes de una mano con guante sosteniendo algas. Jackson hace simbiosis de la inteligencia vegetal y la artificial; cada imagen generada es distinta, respetando la unicidad de la identidad en cada alguero artificial y los a complejidad de sus interacciones con el entorno. La disposición única de cada imagen en relación a una grilla común persiste en la singularidad de cada ser y de las experiencias de cada ecosistema. Las imágenes realistas y simples son generadas a partir de una instrucción que se va perfeccionando en la medida que el artista va repitiendo el ejercicio junto a la inteligencia artificial, en una plataforma en línea de aprendizaje colectivo que expande la naturaleza abierta de los foros web. Complementando al silogismo, archivos de imágenes de referencia y detalles técnicos de la cámara que captura esta realidad post digital, crean una imagen del paisaje de la playa que se inscribe en una estética donde los límites entre lo biológico y lo artificial, lo físico y lo virtual, se difuminan. Una conjunción recíproca entre artista e IA, creadores de una realidad comunicada donde, en palabras de Humberto Maturana, “todo lo dicho es dicho por un observador a otro observador”.
A lo largo del recorrido, aparecen también dibujos con plumones y tiralíneas de siluetas de algas de diferentes sistemas gráficos digitales como emoticon –la secuencia de caracteres ASCII que representa expresiones faciales, acciones y símbolos– o bancos de imágenes. Junto a las siluetas, dibujos de tipografías que evocan bandas de música “metal” insisten en la coexistencia de distintas tecnologías ancestrales, contemporáneas y potenciales.
Organismos Sonoros
Una serie de artefactos ensamblan esponjas y sintetizadores. Estas generan sonidos provenientes del litoral pacífico y evocan la interacción de los organismos marinos con su entorno a través de pulsaciones que se modifican con los circuitos electrónicos. El sonido es una forma de energía que se transmite a través de un medio. Esa energía se desplaza a través o entre medios: de una antena a un receptor, de un amplificador a un oído, de la ligereza del aire al espesor del agua. En esos cruces, el sonido se transduce. Al sonorizar las esponjas mojadas, el artista hace tangibles estas relaciones y releva a estos seres marinos como indicadores y participantes en el ecosistema costero, en una praxis de colaboración con otros creadores. Al mismo tiempo propone otras relaciones transespecie, como la de los cochayuyos y la luz de un tubo fluorescente, para encarnar la simbiosis entre diferentes formas de vida. Este enfoque colaborativo conecta campos científicos, cosmologías y perspectivas no humanas, reflejando la complejidad de las relaciones del ecosistema del litoral.
Las obras activan procesos de transducción y transposición, epitomizando las relaciones interespacie de un hábitat interconectado que evoca un litoral abstracto y acelerado, un intermareal ultra. Ultramareal, entonces, se refiere también a la acelerada transformación de las zonas costeras y la integración forzada de sus ecosistemas, en donde Jackson integra elementos de la ficción especulativa para abrir nuevas posibilidades en la interpretación del ecosistema costero. La exploración de nuevas ontologías permite imaginar futuros que emergen de la investigación artística.